viernes, 16 de junio de 2017

Preparar una familia estupenda

   Entre nosotros, en una reunión de sacerdotes, había un juez eclesiástico. Buena parte de su oficio de juez la dedica a causas matrimoniales. Alguno le preguntó: A pesar de la preparación que se procura que reciban los novios, y de los cursillos prematrimoniales, ¿hay casos de nulidad matrimonial porque alguno de los cónyuges no ha entendido en qué consiste contraer matrimonio por la Iglesia?

   Con expectación y sorpresa oímos: -Sí, hay gente que no se entera. Y a veces esa ignorancia lleva a conflictos que obligan a investigar su grado  de conciencia en aquellos momentos. No se habían enterado. Se quieren, están dispuestos a tener algún niño, y ya está.

   El Papa Francisco advierte de la gravedad de la negligencia de los que preparan al matrimonio.  Y puede haberla, el asunto es serio, se trata de procurar por todos los medios la validez de un sacramento. Pero, incluso con preparadores responsables, hay quienes oyen lo que quieren, y se disponen interiormente a vivir lo que ellos creen que es suficiente para el caso.
 
   Eso nos lleva a preguntarnos, ¿Qué hay que entender, aceptar, proclamar, al presentarse ante el altar para casarse?

El matrimonio entendido al completo

   Está claro que se atraen, que se quieren, que quieren vivir juntos, que han alquilado un piso, que les gustaría tener algún hijo. ¿Eso es todo?

   Ya hemos visto que no. Con la razón podemos ir sumando facetas positivas, válidas, que deben ser parte integrante del consentimiento. Pero, a veces la razón no llega, le cuesta completar una verdadera noción de matrimonio, y de ahí que Dios nos haya querido dejar la Revelación.

   Concretamente, el primer capítulo del Génesis. Que familiar nos resulta, y cuántas veces lo habremos oído: los creó hombre y mujer, les dijo que deberían dejar a sus padres y unirse en una sola carne; que procreasen, que llenaran la tierra; y que se hicieran cargo de todo: territorio, aves, peces, ganado y, en definitiva, de todo cuanto existe. Hoy día podemos entender que todos los aspectos de la creación a los que el hombre puede llegar, sin también responsabilidad del hombre. Hay que cuidarlo, protegerlo, sacarlo adelante, procurar que siga el desarrollo propio de su vida. Y ahí entran planetas, astros y agujeros negros, todo.

   Por tanto, que se hagan responsables de su facultad procreativa y la ejerzan con generosidad, como Dios se muestra generoso con las cosas. También deben velar por la convivencia matrimonial, familiar y social con sus vecinos. Que se organicen, vivan en paz,  y sepan encauzar todos los problemas que puedan irse encontrando, como pobreza, enfermedad, falta de trabajo, etc.

   Verdaderamente es grandioso este panorama. No tiene fin. Llama al trabajo, a la colaboración, a la inventiva, a la experimentación, a la comprensión, a la flexibilidad. A la ausencia de un egoísmo, o de una ambición, o de una pereza injusta, porque todos nos beneficiamos de la aportación de todos según nuestro capacidad.

   Esto es, aproximadamente, una visión global del matrimonio.

Problemas y grandeza de la familia

   La injerencia de los padres, las expectativas que se forjaron sobre sus hijos, la ayuda que esperan de ellos…  Lo cierto es que hará bien la nueva pareja de recién casados en poner tierra por medio. Y desde la distancia, ver cómo va a ser su colaboración libre y a ser posible generosa. Pero desde la independencia de la pareja.

   Los problemas de la convivencia matrimonial, muchos, quizás. Pero salvables porque lo que une no es el carácter, o el capricho, sino la tarea que se han propuesto, la de crear una familia.

   ¿Hijos? Dios ha sido generoso con nosotros. Démosle descendientes, nuevas criaturas humanas que le den gloria.

   ¿Convivencia familiar, organización del hogar, educación de los hijos? Son personas humanas, al principio muy pequeñas, a las que se ha invitado a venir con papá y mamá. Por tanto, tienen que colaborar en la medida en que puedan irlo haciendo: orden, limpieza, ayuda a los mayores, aprendizaje.

   ¿Cumplimiento de los deberes, preparación para un trabajo superior el día de mañana? Conviene que haya un tiempo para que la familia reunida trabaje en el estudio, en sus tareas propias, profesionales, de hogar, etc.

   ¿Dar cuenta de lo que cada uno ha hecho en beneficio propio y de los demás? Sí, no se trata de vanidad sino de sencillez. Y es justo recibir la aprobación, incluso el homenaje por la buena realización del trabajo. Las censura, mejor aparte, en particular, para que se entienda bien y se ayude a corregir.

   ¿Comentar el entorno en el que cada uno se desenvuelve, los sucesos sociales, políticos, los apuros económicos, el ahorro y la buena administración de lo que se tiene? Por supuesto. Todos deben tener su momento diario, semanal, para intervenir. La familia estará más unida si se conocen entre sí, si se entienden -¡y se admiran!-, los recursos que cada uno ha empleado para salir victorioso de sus tareas. O los fracasos y las faenas que ha tenido que sufrir por parte de compañeros o de superiores. Es el momento de hacerse una idea de las reacciones de los demás, y aprender del ejemplo o de la censura que han de recibir por parte de los mayores.

    ¿Y los amigos y amigas? ¿Y los abuelos? En la medida que sea asimilable por la familia y por las dimensiones del hogar, habrá que invitarlos. ¿Han de estar mucho tiempo en la casa, o los hijos han de pasar mucho tiempo en casas ajenas? No es necesario. Pero el buen juicio de los padres, siempre atentos, determinarán lo que conviene para provecho de unos y de otros.

Conclusión

Si esto se entiende, se está preparado para casarse. El matrimonio cristiano es continuación del matrimonio natural y el matrimonio celebrado
no solo será válido, sino muy conveniente, y muy laudatorio.

jueves, 18 de mayo de 2017

Acerca de Medjugorje

video

En el viaje de vuelta de Fátima a Roma, el Papa concedió una entrevista a los periodistas que le acompañaban. Entre otros temas, le preguntaron cómo iba el estudio que la Santa Sede viene haciendo sobre las apariciones de Medjugorje. El Papa contestó y su respuesta, aunque no definitiva, orienta sobre las decisiones que probablemente se tomen.

miércoles, 19 de abril de 2017

Tiempo de Resurrección

   "Los que poseen las arras del Espíritu y la esperanza de la resurrección, como si poseyeran ya aquello que esperan, pueden afirmar que desde ahora ya no conocen a nadie según la carne: todos, en efecto, somos espirituales y ajenos a la corrupción de la carne.

   Porque, desde el momento en que ha amanecido para nosotros la luz del Unigénito, somos transformados en la misma Palabra que da vida a todas las cosas. Y, si bien es verdad que cuando reinaba el pecado estábamos sujetos por los lazos de la muerte, al introducirse en el mundo."

* * *

Estas palabras del Padre de la Iglesia San Cirilo de Alejandría, son muy claras. Todos los problemas y dificultades que Jesucristo tuvo en la tierra, quedaron terrados en el sepulcro. Cuando Él resucitó, su resurrección no solo hizo factible nuestra propia resurrección y la vida limpia junto a Dios en el futuro, sino que nos dió la posibilidad de dejar enterrados ahora, ya, nuestros propios problemas y dificultades y liberarnos espiritualmente de ellos. Las dificultades perdurarán mientras estemos en la tierra, pero nuestro espíritu puede elevarse y estar junto a Cristo, facilitando un enfoque nuevo y distinto de ellas. ¡Pídelo, pide esa gracia al Espíritu Santo! ¡Prueba a hacerlo, porque es factible!

viernes, 7 de abril de 2017

Hablar con el Crucificado

¿Lo has hecho alguna vez? ¿Ante una imagen de tamaño natural, en una iglesia  o en una procesión? Inténtalo por primera vez o una vez más.

Lo hace mucha gente sencilla que acude con frecuencia ante su Cristo -o ante su Virgen- a visitarle. Al principio miran la imagen. Toda imagen, sobre todo las buenas imágenes, expresan algún aspecto humano en un momento concreto de la vida del Señor. Al mirarle, esa expresión se recoge, e incluso inspira la conversación, con palabras o sin ellas.

Después, es inevitable -e incluso recomendable-, pasar a darle cuenta de nuestra vida, de la de nuestras personas allegadas, de las vicisitudes que se presentan, de las dificultades o los problemas.

Pero te recomiendo que en este tiempo de "pasión", cuando la Iglesia nos hace considerar no la actividad de Jesús, sino la actividad de los demás hacia, por tanto actividad que Jesús recibe, padece, tiene que soportar. Porque en la última etapa de su vida -meses-, se acumulan las opiniones contrarias, las palabras amenazantes. Pronto llegaran las amenazas y los insultos. Y de ahí se pasará a la acción directa, al prendimiento, a los juicios, a la condena.

Lo que te recomiendo es que todo esto te lo cuente el mismo Crucificado. Pregúntale: -¿Qué haces ahí, de una forma tan rara, crucificado? -¿Quién eres? -¿Qué te ha pasado? -¿Quién te ha puesto así, con ese aspecto horrible? -¿Por qué? -Y yo, ¿qué puedo hacer por ti, necesitas algo? -Quieres que haga algo?

Te saldrán sin pensarlo preguntas parecidas. Quizás sepas la contestación, pero más vale que te la diga el mismo Crucificado. Que sea Él quien te lo explique en tu interior, para que te enteres con claridad sin que nada se te escape.

También se lo puedes preguntar a María, que está a su lado siempre en silencio y dolorosa. -¿Qué ha pasado? -¿Quién es este? -¿Qué hace aquí, por qué sufres?

¿Eres capaz de hacerlo? No pierdes nada y, en cambio, de esta manera puedes empezar, o continuar, tu intimidad con el Hijo de Dios hecho hombre.

martes, 28 de marzo de 2017

María y los jóvenes

      Mensaje del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 2017, que se celebra a nivel diocesano el próximo 9 de abril, Domingo de Ramos.

     (El texto es muy sugerente, se ha acortado para facilitar su lectura. Puede leerse completo en News.va, 'Palabras del Papa', febrero de 2017)

María no es “una joven-sofá”

Según el Evangelio de Lucas, después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo (cf. 1,36.39. María no es la clase de personas que para estar bien necesita un buen sofá donde sentirse cómoda y segura. No es una joven-sofá (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016). Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino.

El trayecto para llegar a la casa de Isabel es largo: unos 150 km. Pero la joven de Nazaret, impulsada por el Espíritu Santo, no se detiene ante los obstáculos. Sin duda, las jornadas de viaje le ayudaron a meditar sobre el maravilloso acontecimiento en el que estaba participando. Lo mismo nos sucede a nosotros cuando empezamos nuestra peregrinación.

El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí

Isabel, impresionada por la fe de María, exclama: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (v. 45). Sí, uno de los mayores regalos que la Virgen ha recibido es la fe. Creer en Dios es un don inestimable, pero exige también recibirlo; e Isabel bendice a María por eso. Ella, a su vez, responde con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55), donde encontramos las palabras: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (v. 49).

La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina. Esta pequeña y valiente mujer da gracias a Dios porque ha mirado su pequeñez y porque ha realizado la obra de la salvación en su pueblo, en los pobres y humildes.

Cuando Dios toca el corazón de un joven o de una joven, se vuelven capaces de grandes obras. Me diréis: «Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer?». Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer. Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo.

Ser joven no significa estar desconectado del pasado

María es poco más que una adolescente, como muchos de vosotros. Sin embargo, en el Magnificat alaba a su pueblo, su historia. Esto nos enseña que ser joven no significa estar desconectado del pasado.

Hacer memoria del pasado sirve para recibir las obras nuevas que Dios quiere hacer en nosotros y a través de nosotros. Y nos ayuda a dejarnos escoger como instrumentos suyos, colaboradores en sus proyectos salvíficos.

Me gustaría haceros algunas preguntas: ¿Cómo “guardáis” en vuestra memoria los acontecimientos, las experiencias de vuestra vida? ¿Qué hacéis con los hechos y las imágenes grabadas en vuestros recuerdos?

Nuestros recuerdos, sin embargo, no deben quedar amontonados, como en la memoria de un disco duro. Y no se puede almacenar todo en una “nube” virtual. Tenemos que aprender a hacer que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro.
Cómo mantenerse unidos

De María se dice que conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51). Esta sencilla muchacha de Nazaret nos enseña con su ejemplo a conservar la memoria de los acontecimientos de la vida, y también a reunirlos, recomponiendo la unidad de los fragmentos, que unidos pueden formar un mosaico. ¿Cómo podemos, pues, ejercitarnos concretamente en tal sentido? Os doy algunas sugerencias.

Al final de cada jornada podemos detenernos unos minutos a recordar los momentos hermosos, los desafíos, lo que nos ha salido bien y, también, lo que nos ha salido mal. De este modo, delante de Dios y de nosotros mismos, podemos manifestar nuestros sentimientos de gratitud, de arrepentimiento y de confianza, anotándolos también, si queréis, en un cuaderno, una especie de diario espiritual. Esto quiere decir rezar en la vida, con la vida y sobre la vida y, con toda seguridad, os ayudará a comprender mejor las grandes obras que el Señor realiza en cada uno de vosotros. Como decía san Agustín, a Dios lo podemos encontrar en los anchos campos de nuestra memoria (cf. Confesiones, Libro X, 8, 12).

Leyendo el Magnificat nos damos cuenta del conocimiento que María tenía de la Palabra de Dios. Cada versículo de este cántico tiene su paralelo en el Antiguo Testamento. La joven madre de Jesús conocía bien las oraciones de su pueblo. Seguramente se las habían enseñado sus padres y sus abuelos. ¡Qué importante es la transmisión de la fe de una generación a otra! De ahí la importancia de conocer bien la Biblia, la Palabra de Dios, de leerla cada día confrontándola con vuestra vida, interpretando los acontecimientos cotidianos a la luz de cuánto el Señor os dice en las Sagradas Escrituras. En la oración y en la lectura orante de la Biblia (la llamada Lectio divina), Jesús hará arder vuestros corazones e iluminará vuestros pasos, aún en los momentos más difíciles de vuestra existencia (cf. Lc 24,13-35).

María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades. En la dinámica de la vida, las súplicas de hoy serán mañana motivo de agradecimiento. De este modo, vuestra participación en la Santa Misa y los momentos en que celebraréis el sacramento de la Reconciliación serán a la vez cumbre y punto de partida: vuestras vidas se renovarán cada día con el perdón, convirtiéndose en alabanza constante al Todopoderoso. «Fiaros del recuerdo de Dios […]su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal» (Homilía en la S. Misa de la JMJ, Cracovia, 31 de julio de2016).

Hemos visto que el Magnificat brota del corazón de María en el momento en que se encuentra con su anciana prima Isabel, quien, con su fe, con su mirada perspicaz y con sus palabras, ayuda a la Virgen a comprender mejor la grandeza del obrar de Dios en ella, de la misión que él le ha confiado. Y vosotros, ¿os dais cuenta de la extraordinaria fuente de riqueza que significa el encuentro entre los jóvenes y los ancianos? ¿Qué importancia les dais a vuestros ancianos, a vuestros abuelos? Vosotros, con sobrada razón, aspiráis a «emprender el vuelo», lleváis en vuestro corazón muchos sueños, pero tenéis necesidad de la sabiduría y de la visión de los ancianos.

Fidelidad creativa para tiempos nuevos

 Cuando María en el Evangelio dice que «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49), se refiere a que aquellas «cosas grandes» no han terminado, sino que continúan realizándose en el presente. No se trata de un pasado remoto. El saber hacer memoria del pasado no quiere decir ser nostálgicos o permanecer aferrados a un determinado período de la historia, sino saber reconocer los propios orígenes para volver siempre a lo esencial, y lanzarse con fidelidad creativa a la construcción de tiempos nuevos.

Una sociedad que valora sólo el presente tiende también a despreciar todo lo que se hereda del pasado, como por ejemplo las instituciones del matrimonio, de la vida consagrada, de la misión sacerdotal. Las mismas terminan por ser consideradas vacías de significado, formas ya superadas. Se piensa que es mejor vivir en las situaciones denominadas «abiertas», comportándose en la vida como en un reality show, sin objetivos y sin rumbo.

No os dejéis engañar. Dios ha venido para ensanchar los horizontes de nuestra vida, en todas las direcciones. Él nos ayuda a darle al pasado su justo valor para proyectar mejor un futuro de felicidad.

La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros.

Vaticano, 27 de febrero de 2017

miércoles, 8 de marzo de 2017

Entrevista al nuevo Prelado del Opus Dei


Mons. Ocáriz con el director de la revista Palabra

ENTREVISTAS
Mons. Fernando Ocáriz: “La vitalidad en la Iglesia depende de la apertura total al Evangelio”
Entrevista al Prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, publicada por la revista PALABRA.
Si se quiere leer directamente, puede hacerse desde aquí.



lunes, 13 de febrero de 2017

Escuchar a San Josemaría

Opus Dei - Escuchar a San Josemaría


En la web Opus Dei, puedes encontrar una serie de vídeos sobre San Josemaría, que puedes encontrar pinchando aquí.

También hay audios de muchas de sus obras en otro lugar, que puedes encontrar pinchando en el título de la sección: "Escuchar a San Josemaría"  Y más audios de San Josemaría y otros autores en www.soundcloud.com/opusdei


jueves, 9 de febrero de 2017

"Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros", son las palabras que recoge el evangelista san Lucas (22,15) de la boca de Jesús al comenzar la cena.

Jesús ha comido muchas veces con sus Apóstoles, en el campo, invitados por Mateo, por Zaqueo, por alguna persona curada, pero esta vez la comida es esperada con fruición: "ardientemente".

La cena de esta noche es ritual, Rememora un hecho sagrado: la providencia manifiesta de Dios sobre el pueblo judío al salvarlo de Egipto. Primero, el alimento fue particularmente elegido y manifestado a Moisés para que lo comunique a todos; segundo, tiene carácter de sacrificio, de holocausto ofrecido a Dios; por último, todos deben comer, participar del sacrificio porque es una necesidad vital: han de salir a todo correr huyendo de los egipcios y han de estar bien alimentados para resistir el esfuerzo.
Por un momento, pensemos en nuestra comida ordinaria: solemos decir una oración, y una de ellas traza un paralelismo con la vida eterna. El pan y los alimentos recuerdan la creación y el mandato de Dios de dominar la tierra y hacerla útil para la vida del hombre. De esa manera se fortalece, prolonga su vida para culminar su tarea. En la fiestas, quizás sumemos un pequeño extraordinario.


Ahora Jesús hace también un extraordinario porque la sala está bien elegida, la comida está bien preparada, y Él ha comenzado lavando los pies, realizando un acto de servicio verdaderamente ejemplar. La conversación es profunda y se prolonga en la sobremesa. Jesús habla de su relación con el Padre, y después de su relación con el Espíritu Santo.

Pero Jesús guarda una sorpresa. Al alimento preparado añade Él su Cuerpo y su Sangre. La materia está tomada de la tierra, pero hay una conversión de la realidad cuando dice "esto es mi Cuerpo", "esta es mi Sangre". No lo 'masticarán', pero sí entrará en su interior. Entra para asimilarse a nosotros, para fortalecernos, para aumentar nuestra vida interior, para que continuemos hasta la vida eterna. Se ve que le interesamos cada uno, nuestras tareas, nuestras preocupaciones y nuestras necesidades.

Desde muy pronto, los Apóstoles 'hacen memoria', pero no principalmente de la cena prescrita por Moisés, sino sobre todo de la Última Cena de Jesús. Leerán previamente el Antiguo Testamento, que prepara la venida de Jesús, y después el Nuevo. De esta manera se unen a Jesús y, por Él, al Padre y al Espíritu Santo.

Después hacen memoria de los Apóstoles, de los mártires y los santos. Se pide por los difuntos y por los vivos, diseminados por tantos lugares. Recordarán la larga preparación de Jesús para la celebración, y el largo acción de gracias. Y especialmente recordarán emocionados la participación de la Virgen María, muy discretamente, en la Cena, su larga preparación desde que concibió a Jesús hasta su nacimiento y la Comunión Eucarística y su prolongada Acción de gracias, pidiendo continuamente por la Iglesia, por los que continúan la obra de su Hijo por todo el mundo, con esfuerzo, con sacrificio.

martes, 31 de enero de 2017

La necesidad de beber agua

La fiesta de los tabernáculos era, y es, importante para los judíos. Conmemoraban la marcha por el desierto y el paso de las noches en cabañas o tabernáculos, muy sencillos, hechos de hojas de palma y algún elemento más. También el arca tenía su tienda propia.

En esta fiesta, cada día el sumo sacerdote tomaba una copa de oro, iba a la cercana fuente de Siloé y traía agua hasta el altar de los holocaustos. Vertía el agua que se derramaba, recordando con ello el momento en que la piedra manó agua después de que así lo ordenara Moisés, para dar de beber al pueblo sediento.

Se celebraba esta fiesta y Jesús, que había subido a Jerusalén, clamó con una gran voz junto a la puerta: -"Si alguno tiene sed, venga a mi; y beba quien cree en mi. Como dice la Escritura, de sus entrañas brotarán ríos de agua viva".

Beber, sobre todo agua, es una necesidad para todo ser viviente. A esa necesidad se refiere Jesús: si alguien siente una necesidad, si alguien necesita algo con urgencia, ¿dónde acudir para saciarse? Que venga a mi. En el desierto esa necesidad se sentía bien y pidieron agua a Moisés. Pudo darla gracias a Dios. Pero también ahora,  en todo momento, los hombres hemos de beber, aunque sea poco as poco, sorbo a sorbo. La fuente del agua viva es Jesús.

Como está claro, no es agua lo que vamos a ir buscando en Jesús, camino, verdad y vida. Iremos buscan orientación para encauzar nuestras necesidades.

Estamos, pues, tratando de oración. Vayamos a Jesús, pidámosle y oigámosle. Porque no se trata de que nos solucione bonitamente los problemas, sino de que nos diga cómo hemos de hacerlo nosotros.

Comentaba el Papa Francisco: "Cuando más vivo la experiencia religiosa es en el momento en que me pongo, a tiempo indefinido, delante del sagrario... La oración es, entonces, en primer lugar, descubrir que estamos con Dios: Alguien vivo, real, que no soy yo mismo; Otro, más allá de mí mismo (eso significa alteridad trascendente). En definitiva, sentarnos y descubrir que Dios está ahí es ya orar. Y es precisamente eso lo principal en la oración".

¿Cuántas veces hemos perseverado en una oración hecha solamente de silencio? También san Josemaría nos enseñó que el diálogo, en que consiste la oración mental, "a veces, no es más que mirarse: el dejarse mirar de un hijo ante su Padre; el de quien contempla el Amor de un Dios que da la vida por nosotros; o el atento silencio de quien sabe que Dios mora en su corazón y vive en él otorgándole una existencia nueva". Jesús no necesita muchas palabras para orientarnos, basta con una inspiración, con un gesto que fije nuestra atención hacia un sitio. Esta experiencia es habitual en la oración.

Y esta experiencia es la que debemos enseñar a tantas personas que no lo saben, o no la aprecian -van a otra aguas, aguas de cisternas empantanadas-, o que no lo practican. En primer lugar está las personas más cercanas de nuestra propia familia, la mujer, el marido, los hijos.

Después los amigos y todas aquellas personas a las que queremos regalar algo valioso, que dure para siempre y siempre haga efecto. Comprender el sentido de lo que ocurre, cuál ha de ser nuestra posición en ello, cómo ser activos, eficaces, bienhechores. El sentido de nuestra vida en su totalidad, y de la vida de hoy, de ahora, en particular, hemos de conocerlo. Todos queremos acertar y no dar palos de ciego. Eso es tener necesidad, y esa necesidad promete saciarla Jesús.

sábado, 14 de enero de 2017

Queridos jóvenes

           El 13 de enero el Papa Francisco se ha referido a que el Sinodo de Obispos que se reunirá en octubre de 2018 tendrá como objetivo los jóvenes, con el tema de la fe y la llamada de Dios.

           Verdaderamente lo ha hecho con tiempo. Parece como que no podía reprimir su alegría por el encuentro y ha tenido que decirlo cuanto antes, incluso con tanto tiempo por medio. 


«Queridos jóvenes,

         Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una “guía” para este camino.

         Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a “salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña. Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el  corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.

         Cuando Dios le dice a Abrahán «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?
Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal. El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23).

         Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí […] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38). También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena. Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.

         En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”. Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia. ¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).
         Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores. San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).

         Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).

         Con paternal afecto,   FRANCISCO

         Vaticano, 13 de enero de 2017»

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡Feliz 2017!


No sé si esta margarita tiene 365 pétalos, pero habrá que deshojarla día a día para que ver que nos depara este año. 

Por lo pronto, empezamos bien. Empezamos con una fiesta estupenda que es la de Santa María, Madre de Dios. Y Madre nuestra, podemos agregar con toda certeza pensando en nuestra vida espiritual. 

¿Recordáis el Concilio de Nicea -hoy Iznik, Turquía-, que terminó el 25 de julio 325? Yo tampoco estaba allí, pero asistieron unos 200 obispos presididos por el de Córdoba (España), llamado Osio. En esta ciudad tiene un monumento. Era consejero del emperador Constantino I el Grande. Pués allí, contra una facción arriana, declararon que Jesucristo era Dios y nació verdaderamente de la Virgen María. El eco de ese momento vibra en nuestro comienzo de año.

En los primeros siglos de nuestra era, los cristianos hacían procesiones en honor de Cristo, de los santos, de María después. Y además de los cánticos, se dialogaba nombrando una advocación y repitiendo el pueblo -Ruega por nosotros. Las referidas a la Virgen comenzaron siendo -Santa María, Madre de Dios, y -Madre de Cristo. La lista de súplicas -que eso significa 'letanía'-, fue en aumento sobre todo en Loreto (Italia) hasta el punto que se hizo famosa y así quedó como 'letanía lauretana'. 

En 1601 tomó cartas en el asunto el papa Clemente VIII, aprobando las que debían decirse. Y luego los mismos papas fueron añadieron -Auxilio de los cristianos, con motivo de la batalla de Lepanto, al principio tan incierta y por la que se rezaron tantos Rosarios. -Madre Inmaculada, por petición de Carlos III de España, presionado por una devoción creciente desde principios del siglo XVI sobre todo en nuestro país. -Reina concebida sin pecado original, la añadió Pío IX, tras proclamar el dogma. -Reina de la paz, durante la primera guerra mundial. -Madre de la Iglesia, fue invención de Pablo VI, y -Madre de misericordia y -Reina de la familia por Juan Pablo II. 

Reina de la Iglesia, en la Basílica de Santa María Maggiore, en Roma
   

viernes, 30 de diciembre de 2016

Familia modelo

El modelo de familia lo tenemos bien reflejado en la Sagrada Familia: José, María y Jesús. Con la brevedad propia de los relatos evangélicos, san Mateo nos cuenta que se marchan los Reyes Magos, un Ángel le dice a José que con premura tome a su mujer y a su hijo y marche a Egipto. También con Jacob el pueblo judío tuvo que marchar a Egipto para salvarse del hambre.

Tiempo después el mismo Ángel le avisa que pueden volver. Y se cita a Oseas 11,1: de Egipto llamé a mi Hijo.

El contexto de esta cita de Oseas merece ser conocido. Dios trata al conjunto de Israel como a un hijo querido, mimado. Pero cuanto más cariño le mostraba, más se apartaba de Él. Es un resumen lastimoso de la conducta de los hombres de todos los tiempos, desde Adán y Eva. Pero, estas vez, su Hijo volverá bajo la prudente tutela de san José que, viendo que aún es peligroso ir a Judea, marchan a Nazaret. De ese modo se cumple la profecía de que Jesús sería llamado el nazareno.

En el libro de los Proverbios (9,1-2) se lee que la Sabiduría ha edificado una casa de siete columnas, y ha organizado una matanza para comer. De modo que el hogar consta de una construcción y un hogar donde se prepara la comida. La familia se constituye bajo un techo y alrededor de una mesa.

Sabemos que los rabinos al ser deportados desordenadamente a Babilonia, al no tener Templo organizaron la vida religiosa en torno a la mesa familiar. Recordando la Pascua que vivieron al salir de Egipto con Moisés, la comida en familia es un acto religioso en el que se reconoce la presencia de Dios en los alimentos y en el buen ambiente de los que se reúnen, de diversas edades. Prohíben apartarse de la familia más de dos mil codos (960 m.) y establecen que el sábado sea un día de reunión familiar, que no se salga al trabajo y tampoco se ande demasiado. La familia reúne y mantiene un clima en el que se aprende a vivir para los demás.

Este ambiente es propicio para el equilibrio de trabajo, descanso, preocupaciones y serenidad y alegría. Hoy día, la televisión, las tabletas, los teléfonos, introducen a cada uno en un mundo que es ajeno al familiar. Se puede estar reunido en la casa y sin embargo distantes. ¿Es mejor este ambiente que el tradicional? ¿Son acaso incompatibles? Con moderación y sentido común, no deben serlo. La vida de la Sagrada Familia sigue siendo nuestro modelo de reunión afectiva y serena, donde Dios y los demás tienen su puesto.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Esperando la llegada del dia 23 de enero, puede leerse la última entrevista a Mons. Fernando Ocáriz, Vicario Auxiliar del Opus Dei nombrado por el Prelado anterior, Mons. Javier Echevarría. Con el nuevo Prelado serán renovados todos los cargos anteriores.


martes, 27 de diciembre de 2016

Villancico flamenco dedicado a san José

Creo que oiréis con gusto este villancico por bulerías dedicado a san José. De algún modo explica por qué san José, carpintero que sirvió con tanto gusto a Jesús, debió morir pronto para no ver su pasión y muerte.



domingo, 25 de diciembre de 2016

Feliz día de Navidad

   Me gustan las palabras escritas por Enrique Monasterio en su pequeño libro El belén que puso Dios. Son éstas:

   "Al principio Dios quiso poner un belén y creo el universo para crear la cuna.

   Primero invento el tiempo, y lo dividió en meses, en. semanas, en días. Los días estaban formados por millones de años, que son como instantes para Dios.

   Y empezó su trabajo.

   Hizo el cielo y lo llenó de estrellas y de pájaros.

   Hizo la luz y luego el sol (así lo cuenta la Biblia aunque parezca raro), y encendió una lámpara blanca en la noche para que se viera bien la cara de Jesús; no fuesen a equivocarse los ángeles en la Nochebuena.

   Hizo las montañas, tan auténticas que parecía de corcho,y las coronó de àguilas y de nieve.

   Hizo martes y océanos de papel de playa,y grandes desiertos de arena dorada para los camellos de los Reyes Magos.

  Después llamó a la más pequeña de todas las estrellas (apenas tenía 6 millones de hipermegavatios), y la llevó hasta la otra punta del universo. Allí, con mucho cuidado, le dió un empujoncito con el dedo, con la fuerza justa para que, miles de siglos más tarde, parpadeara sobre las playas de Arabia a la vista de los Magos de Oriente.

   Todo esto no fue muy difícil para Yavé. Con sólo su mirada coloreó todas las especies de flores que había creado, y alfombró de musgo las orillas de los ríos. También hizo crecer los árboles que, al desesperezarse, agotaron el aire y formaron la brisa y los ventanales. Ahora dicen que es el viento el que mueve los árboles y no al revés, pero esto habría que demostrarlo.

   Del viento nacieron las dunas y la música primera del campo.

   Luego, Dios hizo una pausa y pensó dónde poner su belèn. Y decidió que en Belén. Imaginó las figuras: el buey, la mula, las lavanderas, los pastores... Y como no tenía prisa, les dio una estirpe: padres, abuelos, bisabuelos... Cientos de vidas para crear una vida; centenares de amores para conseguir el gesto, el tono de voz, la mano extendida en la postura exacta del belén de Dios.

   Pensó en su Madre: toda la eternidad soñó con Ella. Añorando sus caricias, fue dibujando en los antepasados de María como esbozos de esa flor que había de brotar a su tiempo.

   Igual que un artista que persiguiera tenazmente la pincelada perfecta, Dios pintó miles de sonrisas en otros tantos labios. Y ensayó en otros ojos la mirada limpísima que tendría su Madre. Hasta que un día nació la Virgen, su Hija predilecta, su Esposa Inmaculada, su obra maestra.Y la colocó en el belén junto a la cuna, con Jesús, que por ser sólo de María, era su vivo retrato.

Está en mi belén
   Y vio Dios lo que había hecho y era muy bueno, más aún, estupendo. Tanto le gustó que decidió transmitir en directo el nacimiento de su Hijo a todos los diciembre de la historia, y a todos los corazones que tuvieran sitio para un belén.


   La Navidad no es un aniversario, ni un recuerdo.Tampoco es un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma. A nosotros sólo nos pide que le reservamos un rincón limpio; que nos lavemos las orejas para oír el villancico de los ángeles en la Nochebuena; que nos quitemos la roña acumulada, acudiendo al estupendo detergente de la Penitencia; que abramos las ventanas y miremos al cielo por si pasaran de nuevo los Magos, que son verdad, que existen,y vienen siguiendo la estela de entonces, camino del mismo portal."  (p. 9-11)